Suicidas fallidos: La mejor vida tras el intento

Según los especialistas, el impulso suicida siempre responde a muchas razones: enfermedades como la depresión, problemas sicológicos, inestabilidades afectivas, entre otras. Por eso, cuando el intento falla, es vital tratar integralmente a esa persona, considerando terapias siquiátricas y sicológicas. El objetivo, como dice uno de los testimonios recogidos en este reportaje, es lograr volver a vivir a concho, errores y fracasos incluidos. Dicho de otro modo, sanarse implica agradecer el fracaso del intento.

 

Reporteado por Macarena Vega y Alejandro Bruna

 

El intento

 

Francisca (21 años)

La depresión de Francisca se arraigaba desde hacía bastante tiempo, aunque siempre trató de ocultarla. Sufría crisis de pánico y había desarrollado un comienzo de esquizofrenia que la hacía oír voces que la atormentaban día tras día. Una semana antes, le dijo tímidamente a su madre que creía necesitar un sicólogo, pero como no daba muestras de estar mal, ella no le tomó el peso a la petición. Sus amigos estaban un poco más enterados de la situación, pero en el fondo ninguno creyó que llegaría a ese extremo.

 

Ese día, Francisca se puso su mejor ropa y se maquilló con prolijidad: era la forma en que quería que la vieran por última vez. Era un domingo nublado de julio, sus padres habían salido y no volverían hasta el anochecer. La voz en su cabeza habló una vez más: “Es hoy. Si no lo haces hoy, no lo harás nunca”. Francisca obedeció. Después, se fue a acostar. Sobre su cama había deshojado las rosas que le habían llevado el día anterior por su cumpleaños número 18. Debajo de la almohada había una veintena de cartas de despedida, destinadas a sus amigos más cercanos y a su familia.

 

Laura (20 años)

Desde los 13 años, Laura desarrolló principios de anorexia y bulimia, además de un trastorno obsesivo compulsivo. “Tenía que ser perfecta, y si no lo era, me castigaba”, cuenta. A los 16 se sumó un desprecio profundo por las demás personas y comenzó a alejarse de sus amigos y su familia: “Era muy raro, me daba asco la gente”, comenta. Así empezó la crisis.

 

Todos los días, a las siete de la tarde, se encerraba en su pieza, ponía música fuerte y lloraba, gritaba, se cortaba o se flagelaba. Siempre sin que nadie lo supiera. Se dedicó a juntar medicamentos en un tarro, y prometió que, llegado el día, se los tomaría. Y así fue, pero pasó algo que no esperaba: ese día su mamá llegó inusualmente cariñosa. La abrazó y le dijo que la quería. Entonces, Laura se arrepintió de lo que había hecho y le contó. Su mamá se puso histérica, reaccionó mal y la asustó. Laura trató de subir las escaleras, pero se desmayó en el camino.

 

Las razones

 

Según un estudio realizado en 2002 por la Organización Mundial de la Salud (OMS), gran parte de los actos suicidas no buscan principalmente acabar con la vida propia, sino detenerla un momento: dejar de ser consciente. Por lo mismo, las tentativas de suicidio son vistas como un grito de ayuda desesperado, y son entre 10 y 20 veces más frecuentes que los suicidios consumados.

 

El estudio revela tres detonantes principales: primero, cuando la persona aunque quiera vivir, no puede lidiar con el dolor que implica; segundo, puede responder a un impulso pasajero, producto de sucesos del día o circunstancias externas; finalmente, el pensamiento de los suicidas ronda la muerte constantemente, y no da cabida a una solución distinta a los problemas salvo la de acabar con la vida.

 

Según la OMS, casi la totalidad de los suicidas sufre de un desorden mental que puede ser diagnosticado y tratado. De hecho, según la siquiatra de la Universidad Católica Paola Camus, “lo más frecuente es que sea el resultado de un cuadro depresivo”, aunque pueden influir otras enfermedades, como el alcoholismo, la esquizofrenia y los trastornos de personalidad y ansiedad. También es una salida recurrente en personas con discapacidades físicas o enfermedades graves, como el sida o el cáncer.

 

Entre los jóvenes, explica Camus, los intentos de suicidio también tienen que ver con complejidades propias de la edad, como las múltiples tareas que tienen que asumir: orientarse vocacionalmente, desarrollar una sexualidad, volverse progresivamente independientes, etc. “Las frustraciones surgen por todas estas tareas, que parecen inalcanzables”, puntualiza.

 

“Estas personas se encuentran en una situación en que no ven muchas opciones, a veces la misma depresión ha hecho que se queden solos y con una nula proyección a futuro”, agrega, en tanto, la sicóloga Elisa Rojas. “Se sienten una carga para sus familias, y es así como la opción del suicidio se vuelve cada vez más tentadora”.

 

El despertar

 

Francisca

Su madre recibió una llamada en la que le decían que se fuera urgente a su casa. Cuando llegó, la escena era horrible: su hija estaba inconsciente, la cara desfigurada y los brazos bañados en sangre. La llevaron de urgencia a la clínica donde permaneció tres días en coma.

 

“Nunca barajé la posibilidad de que se fuera a morir, aunque sabía que estaba grave. Lo primero que pensé fue que iba a ser un susto grande y una enseñanza necesaria, no sólo para ella: para todos nosotros”, comenta hoy su amigo Andrés.

 

Cuando despertó, lo primero que sintió Francisca fue rabia e impotencia. Los encontraba a todos tan egoístas. Ellos no eran los que sufrían. No eran los que tenían que mutilarse para traspasar su dolor emocional a uno físico: no estaban en su cabeza. Pero después, a medida que entraban sus amigos, su familia, todos con cara de no haber dormido, de haber llorado por mucho tiempo, empezó a odiarse más a sí misma. “Sobre todo al ver a mi mamá, que me miraba sin lágrimas ya, sin reproche, pero pude reconocer en ella un dolor que venía desde los huesos, muy parecido al mío, y no pude creer que yo hubiera sido capaz de hacerle eso”, comenta ahora, tres años después.

 

Laura

Laura pasó un par de días en la clínica, pero finalmente despertó. La cuenta salió carísima. Se sintió mal por eso, pero por nada más. Hacía tiempo que era más bien una persona solitaria, por lo que lo vio como un proceso suyo, que poco tenía que ver con otras personas; sólo con su madre, y más que nada por el tema monetario. No se arrepintió de lo que había hecho. Había llegado a un punto en que le era imposible lidiar con su vida: “Estaba mal. Día tras día era puro sufrimiento”.

 

La recuperación

 

Para las personas que han intentado suicidarse, el tratamiento considera tanto aspectos familiares y del entorno como individuales del paciente. La doctora Paola Camus explica que el tratamiento familiar busca aumentar las fundamentales redes de apoyo; el individual, parte del uso de fármacos y de someterse una sicoterapia profunda. Así, primero se realiza un diagnóstico de la persona para cerciorar si hay un cuadro depresivo severo, un cuadro bipolar, una esquizofrenia, un trastorno de personalidad severo u otro problema. En cualquier caso, el tratamiento es conjunto entre un siquiatra y un sicólogo.

 

En el caso de Francisca y Laura, el proceso que seguía era largo y desagradable. Ambas estaban en el último año de enseñanza media, pero no pudieron volver al colegio. Tampoco pudieron volver a cerrar la puerta de sus piezas en los siguientes dos meses. Tuvieron que enfrentar las consecuencias, las caras de decepción, de tristeza, las idas al sicólogo y al siquiatra, las pastillas dosificadas para estar mejor, para dormir y despertar.

 

También sintieron, por primera vez para ambas, el apoyo y la comprensión de sus seres queridos. A Laura le significó, más que nada, acercarse a su mamá y sentirse comprendida al fin. Aprendió a dejar que la gente se acercara y la quisiera. Y aprendió también a aceptarse a sí misma y ser menos severa. Ahora, siente que era necesario tocar fondo para entender muchas cosas sobre sí: “Dejé de ver todo negro. Decidí que no quería ser la típica persona traumada que no puede vivir con sus fantasmas, y tuve tiempo para releerme, para descubrirme y dejar de criticarme tanto. Fue muy lindo vivir eso”, dice como veredicto del proceso que vivió.

 

Laura se tomó el tiempo que necesitaba para empezar a ordenar su vida. Terminó el colegio, conoció gente nueva, aprendió a relajarse y a hacer cosas que la llenaran. Se refugió en el ejercicio y el yoga. Ahora estudia ingeniería, y fuera de ser bastante organizada y exigente consigo misma en el ámbito académico, se declara feliz.

 

Lo mismo Francisca. La vuelta a casa significó comenzar a hablar los problemas. Acercarse a su padre, al quien antes casi no veía. Significó visitas de amigos que, si bien no mencionaban el suicidio, simplemente estaban ahí para acompañarla, para apoyarla o simplemente hacerla reír. Lo peor fue perder su privacidad (tenía que estar siempre vigilada), pero poco a poco fue tomando las riendas del asunto. “Comprendí que si mi mente había sido tan fuerte para hacerme llegar a ese hoyo, debía ser igual de fuerte para sacarme de él. Puse toda la fuerza que tenía para empezar de cero. Aproveché el tiempo para leer, hacer cursos, cambiar de ambiente, y me sirvió”, asegura. Y concluye: “Mi forma de enfrentar el mundo cambió. Me di cuenta de que mejor era vivir el día a día a concho, errores incluidos”.

 

 

CONSEJOS PARA PREVENIR O ACOMPAÑAR LA RECUPERACIÓN: ¿ Y SI SOY SU AMIGO?

 

¿Cómo notar si un amigo está pensando en suicidarse?

 

¿Tendencias depresivas? | En caso de que éstas sean Detectadas, es clave que tu amigo reciba un tratamiento adecuado, sea sicológico o farmacológico.

 

Cambios en su estado de ánimo | Si la idea del suicidio ronda, sentirá cierto alivio cuando encuentre una solución a su sufrimiento, y realizará tareas distintas a las usuales, generalmente relacionadas con arreglar asuntos pendientes.

 

¿Se despide? | Hay que ponerse alerta si la persona ha estado despidiéndose de alguna manera.

 

¿Qué hacer si un amigo presenta conductas suicidas? | Es fundamental hablar lo antes posible con sus familiares cercanos, para que lo lleven a un centro de atención sicológica, donde le den un tratamiento para tratar su enfermedad.

 

¿Qué hacer si un amigo intentó suicidarse? | Es muy posible que intente volver a hacerlo, por lo que el proceso posterior es muy importante: es imprescindible que reciba un tratamiento médico oportuno e inmediato. El entorno cercano debe ser un apoyo fundamental. Es necesario que tu amigo no se sienta solo e incomprendido: que sienta que hay gente a su lado para ayudarlo cuando se sienta mal.

 

Fuente: Elisa Rojas, sicóloga.

 

 

CIFRAS NEGRAS

 

En el mundo:

- Ocurre uno cada 40 segundos.

- Es una de las tres principales causas de muerte en jóvenes entre 15 y 35 años.

- Los hombres se suicidan tres veces más que las mujeres.

- Entre un 10 y un 14% de los suicidios terminan consumándose.

 

En Chile:

- Entre 1991 y 2004, los suicidios juveniles aumentaron de 2,4 a 21 por cada 100 mil habitantes.

- En 2004, se quitaron la vida 5,2 entre 100 mil jóvenes entre 10 a 19 años.


Fuentes: Organización Mundial de la Salud y Ministerio de Salud de Chile

 

 

SI NO SABES QUÉ HACER...

 

Si tú o algún amigo necesitan ayuda porque sospechan tener alguna de las enfermedades más recurrentes en los suicidas (depresión, trastorno bipolar o abuso de alcohol o drogas), no dudes en pedir ayuda.

 

Puedes ir a tu servicio de atención primaria más cercano (SAPU o consultorio) y pedir una hora para ingresar al Programa de Salud Mental del Ministerio de Salud, donde recibirás tratamiento por parte de una asistente social, un sicólogo, una enfermera y un médico. Este programa está abierto a todos los beneficiarios de Fonasa.

 

Para mayor información, llama a Salud Responde 600-360-7777.

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Comentarios

Mi amiga intento suicidarse, con pastillas, se tomo la mitad de muchos frascos pero a ultima hora se arrempitio... no se bien como ayudarla ella es una muchacha muy sana, y a la vez solitaria... esta en un estado de depresion fuerte, puesto que siente que nada le sale vien, y ella esta acomulando demasiados problemas... y cree que su unica salida es el suicidio.

 

ayudenme por favor no quiero perderla!! que hago para ayudarla? estoy realmente muy preocupada!!!

aleli.

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