Montezuma
El abuelo de los juegos
por Daniela Galleguillos

La paciencia fue una de las grandes virtudes que nos legó el Atari: nos enseñó a esperar un promedio de quince minutos mientras se cargaba el casete del juego. Pero aguardábamos lo que fuera con tal de jugar al Montezuma.
El charro de gran sombrero y piernas cortas podría ser perfectamente el padre de Mario y Luigi, y el bisabuelo de Lara Croft. La trama era simple: ayudar a Pedro (o Panama Joe) a recorrer la pirámide azteca en busca de los tesoros que escondía. Pero no por ser el primer héroe de videojuegos era menos atlético. Con sus patitas cortas podía saltar cadenas, escaleras y suelos movedizos y conseguir las llaves que abrían las puertas para pasar las etapas. Nada de infantilismos para este cazatesoros, ya que fue el primero en enfrentarse a la muerte (calaveras rodantes y saltarinas) y a terribles monstruos aztecas (simpáticas serpientes inmóviles). Como muchos de su época, Montezuma no tenía final. Al terminar una etapa avanzabas a otra idéntica a la anterior, pero con mayor dificultad, así que perfectamente podías estar jugando infinitamente. Montezuma entrenó nuestros pulgares para el combate de videojuegos de hoy. Más que un clásico, una escuela.








Wena
Vale la pena rememorar estos temas, me conmovió el recuerdo del atari y la media hora cargando el cassette, jajaja.
Y mi hermano chico y yo amábamos a Pedro estábamos obsesionados con el juego y con terminarlo, cosa imposible. Igual llegábamos a la parte del sótano en que estaba oscuro, que era bien complicada.
Eso, excelente acordarse de estas tonteras.