Algunos son de
Por Nicolás Rojas Inostroza

Entrar sin identificación de alumno un día viernes a
Es martes y la temperatura es agradable; el sol invita a entrar a un parque lleno de árboles, lleno de verde. “¿Tú eres el estudiante de periodismo?”, dice tímidamente Victoria Cabrera, en las afueras de un edificio amarillo. La caminata empieza y se suma Félix, un joven alto y moreno, bien peinado, que camina erguido mostrando su polera celeste que dice con letras grandes “IDOL”. “¿Un paseo por
Una avenida peatonal, flanqueda por árboles históricos, nos conduce por los pastos centrales, a un lado la cancha se llena de canciones, risas lejanas y conversaciones distendidas. Un par de perros vagos persiguen a las pedagógicas princesas de la dinastía “lana” en un paraje que se asemeja a una Quinta Normal de domingo.
Guitarra y voz
Félix es extrovertido y con entusiasmo cuenta que canta desde chico, que no le gustaban los instrumentos, que extraña tanto a Curicó como a sus papás: “Igual tu casa es tu casa, no es lo mismo que estar en otro lado”. Victoria, lo mira con atención. Son amigos desde hace dos años. Sobre lo de las mochilas, el fan de Los Bunkers dice: “Acá el trato es súper humanizado, sabes que dejas una mochila tirada y que no te van a robar nada; en Música todos se protegen”.
Victoria es pequeña y tímida, es morena y tiene su pelo negro y corto. Viste sobriamente un chaleco y se declara seguidora de todas las canciones que tengan “guitarra y poesía”. A menudo suelta leves carcajadas, mientras responde las preguntas mirando a lo lejos, donde se ubica el Centro de Estudios Árabes. “Entré a estudiar pedagogía, no muy convencida de lo que era pedagogía pero aquí adentro como que me enamoré del asunto”, comenta algo nerviosa.
Ella cree fervientemente en el rol social de su profesión: “La educación es para provocar un cambio. Por ejemplo, mi papá es chofer de Transantiago y mi mamá nunca estudió más allá de cuarto medio. Entonces yo pienso, ya que tuve la oportunidad, que podemos influir en los niños, para que se den cuenta de que pueden lograr cosas más grandes (…) En diez años más, ¿cómo me veo?, no me veo (ríe). Nada, haciendo clases por la vida, ganándome la vida, con mi casita propia, espero, y ejerciendo lo que quiero”, dice, haciendo un fade out con su voz mientras pasa una avioneta que se funde con el sonido de una flauta.
Papel lustre 1
El parque parece ser el lugar por excelencia del “peda” (aún se le sigue llamando así): la actitud es de pasividad, de calma, de introspección, de inmovilidad. El tiempo se refugia lento en medio de los pasillos, de las canciones, las partituras, los abrazos. Un par de parlantes, de antigua data, hacen las veces de radio donde suenan canciones de Quilapayún, Víctor Jara y Silvio Rodríguez. Un conjunto de murales en el departamento de Historia tributan silentes a
“Estoy en el pabellón C”, anuncia Matilde Quezada por teléfono. Este lugar es un edificio antiguo, también amarillo. Afuera hay una pizarra gigante escrita con tiza, que dice: “El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria. E. Sábato...”. Abajo hay una especie de sótano donde se ven mujeres ejercitándose sobre colchonetas. A la sala de computación se llega por una escalera que hace recordar alguna película sobre
“Matilde, estoy en un gran pasillo”. Un par de segundos y se abre una puerta café. Cuarto año de Pedagogía Básica, nick de MSN con un emoticon de fútbol, 21 años, una docena de meses dedicada al programa Adopta un Hermano, estatura baja y mucha paciencia. Dice que cuando recién entró participaba en todas las movilizaciones, pero que, con el pasar del tiempo, “como que uno se aburre. Al final vas cachando que son cuestiones utópicas, que no puedes hacer nada, aunque estés en toma o paro, por cambiarlas”.
De pronto, pasa un par de jóvenes con mucho gel en el pelo, y observan de reojo la situación, las grabadoras asustan (las cámaras más aún). Romina, también de cuarto de Pedagogía Básica, despierta una carcajada involuntaria: “Nos molestan, nos dicen ´¡aay tienen papel lustre 1 de ramo!´, ´¡ay no hacen nada, sólo van a jugar con los niños!´. Cuando alguien dice algo así, te molesta, es la típica talla ignorante. Y el que se atreva a decir eso, se va un poco humillado”, dice con cara de maliciosa y de anotación negativa.
“Yo no soy de
Pasan los segundos, las horas, los días. Es miércoles y desde la entrada se escucha cierta algarabía. Un hombre se acerca y me habla. Es Félix, quien hace una inusual invitación: “Tienes suerte, hoy hay un guillatún señor periodista”. Me lo dice y veo un edificio nuevo, aún no terminando, sobre cuyas paredes pequeños esténcil se repiten: “RECORDAR… RECORDAR… RECORDAR…”, dicen para interpelar a la esquiva memoria. Las ventanas están precedidas por rejas, las puertas también; una edificación tan moderna rodeada de protecciones como cualquier botillería de barrio.
Caminamos. En la cancha hay un pequeño escenario montado y un centenar de estudiantes lo rodea. Un grupo mapuche salta y agita los brazos al interpretar música ritual. De pronto, la mujer que ostenta el kultrún levanta su brazo moviendo su cabeza hacia la izquierda. Un barbudo estudiante toma el micrófono y dice: “Para los que están jugando a la pelota, pueden hacerlo todos los días. Esto no pasa todos los días, les pido respeto (…) la escurría es gratis no sean weones. Menos mi amigo”, remata con humor. Una de las mujeres sube al escenario y recuerda a los caídos, los muertos en dictadura, las luchas pasadas y las que están por venir, la situación de un pueblo chileno “conquistado por empresas españolas”: “Si hasta el agua que es el elemento más esencial para cualquier pueblo hay que pagársela a los españoles”, grita.
Un pequeño stand vende “terremotos a
Javier Aravena tiene el perfil de “lana”: viste un chaleco, tiene el pelo largo y unos bigotes bien delineados. Su familia está ligada al ámbito educacional. Actualmente cursa segundo año de Pedagogía Básica y es enfático en su afirmación: “
¿Profesor o tirano?
Un grupo de mujeres conversa frente a la cancha un día martes, cuando una de ellas se levanta para hacer el tour por la universidad. No es fanática de la pedagogía e incluso duda si ejercer o no la carrera. La ama a medias, sacando la “Pedagogía en”, dejando “Castellano”. Se llama Camila López, tiene 20 años y lleva una polera blanca con rayas negras. “¿Lo más sórdido que he visto aquí?”, piensa y dice sin convencer mucho: “puede ser que se agarren a combos brígidamente los viernes”.
Yury Zúñiga (19), de Pedagogía en Castellano, se suma al diálogo: “Era mi primera opción y quedé altiro, porque soy súper inteligente”, ríe brevemente. “Sobre el Peda sabía que era una de las mejores universidades que enseña pedagogía, que era para gente humilde como yo, que era revolucionaria y eso”, agrega.
Camila vuelve a escena, mira de reojo a su incompleto amor universitario que pasa con un bombo en la mano: “Existe una confusión entre ser profesor y ser tirano (…) Para hacer esto uno tiene que tener la vocación de pararse frente al curso para explicar algo que no conocen –enfatiza- que no saben”. El guillatún se desvanece con la distancia, los pastos se vacían, los pies emprenden una lenta caminata hacia la calle, hacia Grecia, hacia el mundo exterior. Hoy la pizarra tiene otro mensaje “Aquello a lo que el hombre aspira debe estar más allá de su alcance; sino ¿para qué hay un cielo? Robert Browning”.
Según el sitio futurolaboral.cl, dependiente del Ministerio de Educación, los egresados de Pedagogía en Castellano están ganando aproximadamente 430.000 pesos al cuarto año después de graduados, Pedagogía Básica los 370.000, mientras que en Música la cifra casi alcanza los 390.000.









Adelante estudiantes del cordón Macul¡
Genial retrato a esa universidad tan maltratada por la historia, tan vilipendiada, tan manoseada...Al frente está el campus Juan Gómez Millas de la Universidad de Chile en donde estudié hasta hace poco, y justo al lado está la UTEM.
Por cierto que los encapuchados iban y dejaban la embarrada los martes o jueves...nunca los viernes ya que si se los llevaban en cana era por todo el fin de semana.
Pero está todo este lado, el de los estudiantes que construyen el cambio social, no a través de la violencia o la destrucción irracional, sino que a través de la conciancia, de la acción, de la organización, de la memoria, de la no violencia activa.
Cómo no recordar un 1 de mayo en que el grupo Preludio fue a la facultad de Filosofía y Hdes de la U de Chile a tocar la cantata Santa María de Iquique, y allí estábamos cientos de estudiantes de pre y post grado, escuchando, en comunidad, conmemorando, accionando, y cómo todos salimos con los ojos llenos de lágrimas atragantadas.
Cómo no recordar los murales, las votaciones, las eternas asambleas, las discusiones, las manifestaciones, los sittings y mitines, marchas y macheteos. Todo eso es parte de la cultura de esta zona universitaria...que aún reclama estar unida, siendo comunidad, siendo universidad popular.